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Portugal, invitado de honor FIL 2018

Portugal es uno de los países más antiguos de Europa, con fronteras inmutables y una lengua única, desde hace casi 900 años. Mucho se discute acerca de su identidad, sobre todo desde la pérdida del imperio colonial y la adhesión a la Unión Europea, en la secuencia de la revolución democrática del 25 de abril de 1974 donde se puso fin a una dictadura que se inició con el golpe de Estado militar de 1926,  y que obligó a un cuestionamiento sobre los nuevos caminos a seguir. Algo, sin embargo, permaneció inmutable: la conciencia de que uno de los elementos decisivos para su independencia fue la presencia en el modo de vivir portugués, de una cultura de la cual la lengua y la literatura forman parte integrante. La primera expresión literaria fue la poesía, escrita en galaicoportugués desde fines del siglo XII a mediados del siglo XIV, de la que uno de los mayores representantes fue el rey trovador D. Dinis. Al mismo tiempo fueron historiadores los que dieron forma a la lengua portuguesa, destacándose Fernão Lopes, cuyas crónicas retratan con ejemplar realismo la vida en la corte y en el pueblo de los siglos XIV al XV.

Fueron los Descubrimientos, iniciados aun en el siglo XV y que culminaron con la llegada a India de la escuadra de Vasco da Gama, en 1408,  con el hallazgo de Brasil por Pedro Álvares Cabral, en 1500, que propiciaron una fuente de inspiración para las ciencias, la historiografía y la literatura, destacándose el Colóquio dos simples e drogas y coisas medicinais de la Índia, editado en Goa, en 1563, de Garcia de Orta; el gran poema épico Os Lusíadas, de Luís de Camões, editado en 1571, aún en vida del poeta, y la Peregrinación de Fernão Mendes Pinto, publicada en 1614, crónica entre lo biográfico y lo romanceado de su vida aventurera por tierras de Asia, incluyendo Japón hasta los confines de China.

Pasado el periodo heroico de esos Descubrimientos, siguió la construcción del imperio, que tuvo sin duda aspectos históricos negativos, pero que dio origen a la creación de nuevas realidades e identidades culturales, entre las que se destaca la presencia de la arquitectura, de la religión, de la cultura y de la lengua en Asia, en Oceanía, en África y en América del Sur. El aspecto más significativo es, sin duda, una lengua que es hablada en esos continentes y, en Europa, además de Portugal, en países como Francia, Inglaterra, Alemania, y otros en los que el país mantiene una fuerte presencia migratoria, como Canadá y Estados Unidos, sobre todo con originarios de las islas Azores, o África del Sur, donde viven muchos descendientes de migrantes llegados de la Isla de Madeira. Además de ser la quinta lengua más hablada en el mundo, para lo que contribuye grandemente Brasil, dio origen a la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa, siendo lengua oficial en Cabo Verde, Santo Tomé y Príncipe, Guinea-Bissau, Mozambique, Angola y Timor Oriental.

En cada siglo la literatura portuguesa ha tenido momentos altos, y es a partir del siglo XIX, con novelistas como Almeida Garrett, Eça de Queiroz y Camilo Castelo Branco, con poetas como el propio Garrett, también gran autor dramático, o aun con Antero de Quental, Cesário Verde, António Nobre, entre muchos otros, que nuestra literatura gana la dimensión internacional que ya había tenido en el pasado con Luís de Camões y Fernão Mendes Pinto. Sin embargo será, en el siglo XX, la revolución literaria introducida por Fernando Pessoa y su generación, la generación de la revista Orpheu, de la que se destaca el poeta y prosista Mário de Sá-Carneiro, y muchos otros poetas que, a lo largo del siglo XX, justificarían que se llame a ese siglo un “siglo de oro” de la poesía portuguesa, cuando Portugal adquiere un estatuto de originalidad plena en el contexto universal, confirmado por el premio Nobel atribuido, en 1998, hace precisamente 20 años, a José Saramago.

Es esta literatura, que siempre mantuvo el diálogo con las otras artes, como la pintura, en la que se destaca el también compañero de Pessoa en la revista Orpheu, José de Almada-Negreiros, que se autocalificaba futurista y todo, que ahora se presenta en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Música, cine, artes plásticas, arte popular, son muchos los aspectos en que los escritores, intelectuales y científicos presentes traen al encuentro con el público mexicano para que este, en los encuentros y libros que tendrá a su disposición, pueda dialogar con “los signos en rotación”, para citar a Octavio Paz, de una literatura tan plural como la personalidad heteronímica de Fernando Pessoa.

Manuela Júdice

Comisaria

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